Qué razón tenía mi abuela

Qué razón tenía mi abuela

¿No os ha pasado nunca que de pronto un día os acordáis de algo que os decía vuestra abuela y pensáis: “qué razón tenía”? Pues a mí me pasa a menudo, pero hay algo en lo que tenía especial razón y jamás le hice caso.

Cuando llegaban los meses de septiembre, octubre y noviembre mi abuela sólo tomaba un tipo de fruta: granada. A mí me hacía gracia, sobre todo de jovencita, porque la veía comer durante todo el año naranjas, melones, peras, manzanas, kiwis… lo que fuera, y luego llevaba el otoño y se pasaba a las granadas. No tenía sentido. Además, siempre me las ofrecía y me decía que era la mejor fruta de todas, que tenía que comerla, que tenía muchísimas vitaminas y que me haría más fuerte y sana. ¿Sabéis que pensaba yo? Pues que eran cosas de abuela…

Muchos años después, cuando falleció, heredé la vivienda del pueblo y decidí cambiar mi estilo de vida para estar más en contacto con la naturaleza, empecé a interesarme por todo aquello que la tierra podía darme, y no sólo descubrí que mi abuela tenía más razón que un Santo sino que, además, hay ciertas compañías que comercializan la granada en diferentes formatos como fuente de vitaminas antioxidantes y fuente de salud.

Probelte Bio es una de esas empresas. Comercializa extracto de granada bajo el nombre de Pomanox, un extracto natural obtenido del fruto fresco de la granada cultivada en España que mantiene todas sus propiedades naturales y que puede ayudarnos en multitud de áreas a estar más saludables.

Es curioso que, tantos años después, la ciencia dé la razón a mi abuela, y aunque siempre será más natural comerte la granada recogida directamente del árbol, la verdad es que los productos de Probelte Bio, fabricados sin químicos ni radiación, aportan más beneficios que el fruto en sí,  pues una sola cápsula de Pomanox equivale a la ingesta de una gran cantidad de granadas.

Entre sus beneficios encontramos que es un potente antioxidante, protege la salud cardiovascular, tiene propiedades antiinflamatorias, aporta vitaminas que fortalecen el cuero cabelludo y previenen la caída de pelo, y además ayuda en nuestra digestión.

Obviamente mi abuela no sabía nada de eso, y tampoco creo que tuviera modo de averiguarlo, ella sólo sabía que era “sana” y como mucho me decía “toma nena, come, que está muy buena y te hace fuerte”, pero eso ya es bastante ¿o no?

También tenía razón en otras muchas cosas, como que no hay que preocuparse por aquello que no tiene importancia y, para ella, nada tenía demasiada importancia. A veces pienso que era un poco sabia, a su manera, porque dicho con otras palabras ese mismo consejo es un proverbio chino: “No te preocupes por aquello que no puedas controlar, y si puedes controlarlo ¿para qué vas a preocuparte?”. Lo que pasa es que la guerra no le dejó tener más cultura: a los 9 años dejó la escuela y hasta los 11 que tenía cuando acabó la guerra civil no volvió a retomar un poco los estudios, pero ya era demasiado tarde pues en esa época las mujeres no pasaban demasiado tiempo en la escuela, sino que se las enseñaba a ser “amas de casa” y poco más. De hecho a veces creo que si hubiera podido estudiar habría sido una erudita de la medicina o algo similar. Sabía mucho sin saber nada…

Beneficios de la Granada

Pero demos datos exactos para demostrar todo lo dicho anteriormente: la granada es una fruta que contiene nutrientes que ejercen un efecto beneficioso sobre el corazón, el cáncer y la longevidad:

  • Es rica en vitamina C, vitamina K y en fibra dietética que ebneficia el sistema digetsivo.
  • Reduce los niveles de colesterol gracias a su combinación única de polifenoles.
  • Ayudan a revertir la ateroesclerosis.
  • Previene la aparición de la osteoartritis.
  • Promueve la regeneración de la dermis y de la epidermis
  • Retarda la progresión del cáncer de próstata por las propiedades naturales antiinflamatorias debido a su alto contenido de antioxidantes.
  • Reduce el crecimiento de células cancerosas.
  • Ofrece beneficios en enfermedades como la diabetes, el Alzheimer y combate la plaza dental.

¿Tenía o no tenía razón mi abuela?