Las empresas están cada vez más preocupadas por reducir su huella de carbono.

Reducción de la huella de carbono en las empresas

Como sucede en el conjunto de la sociedad, las empresas están preocupadas por reducir su huella de carbono. Para ello utilizan tecnologías de última generación para medirla y aplican modificaciones en sus procesos productivos para solucionarlo.

Aunque aún quedan algunos recalcitrantes que se obstinan en negarlo, el cambio climático es una realidad que no se nos escapa a nadie.

Varias encuestas señalan que 8 de cada 10 españoles ven el cambio climático como una preocupación importante o muy importante. Este resultado, con pequeñas variaciones, se repite, prácticamente, por todo el planeta. Aunque no se puede hacer tabla rasa, estamos en un momento tan crítico que es fundamental buscar soluciones y actuar, que exigir responsabilidades.

Es tal la relevancia que adquiere este asunto, que los ciudadanos nos esforzamos en poner nuestro pequeño granito de arena en cuidar el planeta. Por esta razón hemos cambiado algunos de nuestros hábitos de consumo y de vida. Intentamos utilizar lo menos posible el plástico, nos hemos sumado a la tendencia de comprar productos de segunda mano, para buscarle una nueva vida a los artículos usados, evitando que se desechen, y practicamos el reciclaje en casa.

Si esto lo hacemos los ciudadanos, qué no harían las empresas, que se supone que tienen una mayor responsabilidad.

Eva Menchón, vicesecretaria de la empresa de transporte Froed, cuenta que contrataron una herramienta digital a Zeolos, una plataforma informática que se dedica a desarrollar software para ayudar a que las empresas a que reduzcan su impacto medioambiental. La calculadora de huella de carbono que utilizan en Froed – dice Eva – les permite medir en tiempo real las emisiones de CO₂, tomar medidas para reducirlo y hacer un seguimiento de los avances que van alcanzando.

El impacto de las empresas en el medioambiente.

Los expertos en el cambio climático, señalan que todas las empresas, con independencia del sector al que se dedica, dejan una huella de carbono.

Esto es así. La energía que gasta unas instalaciones empresariales o las compras que realizan a sus proveedores tiene repercusión sobre el planeta. Ahora bien, en justicia, tenemos que aclarar que todos los sectores no contaminan igual. En estos momentos la contaminación está centrada, principalmente, en la industria y en el transporte.

El periódico El País da el dato de que 250 empresas contaminan más que todos los beneficios que obtienen. Las empresas de las que habla el artículo son grandes monopolios que generan miles de millones de beneficios al año.

La petrolera norteamericana Exxon, probablemente sea la empresa más contaminante del planeta. Con sus acciones en la extracción de petróleo, refinado de crudo, producción de derivados y comercialización genera daños ambientales por valor de 33.600 millones de euros al año.

En el transporte, la compañía aérea alemana Lufthansa genera costes ambientales por valor de 1.900 millones de euros.

El economista norteamericano Ronald Cohen, precursor de I.W.A. (Impact Weighted Accounts) Cuentas Ponderadas por Impacto, un estudio realizado con el respaldo de la Universidad de Harvard, comparó el impacto medioambiental de 1.800 empresas, de las más importantes del mundo, con sus beneficios anuales. El 15% de ellas, dañaban más el planeta que los beneficios económicos que obtenían.

En un 32% de las empresas estudiadas, el impacto ambiental equivalía al 25% de sus beneficios financieros.

Según Cohen, los gobiernos deberían exigir un estudio de Cuentas Ponderadas por Impacto a las empresas, y hacer públicos los resultados. La presión de accionistas y consumidores puede forzar a las empresas a que reduzcan su impacto medioambiental. Como sucedió con la papelera P&G, donde los accionistas minoritarios, el 67% del total, que tenían en su poder el 30% de las acciones, amenazaron con retirar su capital si la empresa no detenía la agresión que estaba realizando sobre el bosque boreal canadiense.

Cómo contaminan las empresas.  

Estamos diciendo que las empresas contaminan. Pero ¿cómo lo hacen, realmente? Estas son algunas de las prácticas contaminantes que generan CO₂.

  • Consumo excesivo de energía eléctrica. El consumo de electricidad procedente de fuentes no renovables (carbón, gas, petróleo) en oficinas, fábricas o centros de datos aumenta notablemente las emisiones de CO₂.
  • Transporte y logística. El uso de camiones, furgonetas y aviones para mover mercancías provoca gran consumo de combustibles fósiles. Incluso en empresas de servicios, los desplazamientos frecuentes del personal generan huella de carbono.
  • Uso de calefacción y climatización. Sistemas de aire acondicionado o calefacción poco eficientes suponen un gasto energético enorme, especialmente en grandes edificios de oficinas y en centros comerciales.
  • Producción de residuos no reciclados. Generar y desechar plásticos, embalajes, papel o materiales sin una correcta gestión provoca emisiones adicionales en transporte y tratamiento de basuras, además de que en muchos casos contaminan directamente la naturaleza.
  • Exceso de papel y material de oficina. Aunque parezca un impacto menor comparado con la industria pesada, el uso masivo de papel sigue contribuyendo a la deforestación del planeta y a emisiones de gases contaminantes en la industria papelera.
  • Procesos industriales contaminantes. Sectores como la construcción, la química, la metalurgia o la fabricación de cemento, suelen generar una alta contaminación debido a las emisiones de gases que provoca el proceso de fabricación.
  • Uso de agua sin control. El agua es un bien escaso en el planeta. Dilapidar o malgastar este recurso tiene efectos directos en la salud del planeta.
  • Viajes de negocios frecuentes. El transporte aéreo, en particular, es uno de los mayores generadores de huella de carbono que existen. Muchas empresas priorizan los viajes frente a reuniones online, mucho menos contaminantes.

Cómo reducir la contaminación.

Detectado el problema, ahora queda ver cómo una empresa puede solucionarlo. Estas son algunas acciones que reducen la huella de carbono.

  • Disponer de herramientas digitales para medir el impacto ambiental. Plataformas de análisis energético y de emisiones de CO₂ permiten a las empresas conocer con precisión su huella de carbono y detectar áreas de mejora.
  • Apostar por energías renovables. Instalar paneles solares, contratar electricidad verde o invertir en sistemas de autoconsumo reduce la dependencia energética de la empresa y tiene un efecto positivo sobre el planeta.
  • Optimizar la eficiencia energética de edificios y equipos productivos.
    Sustituir la iluminación por luces LED, mejorar el aislamiento de los edificios o instalar sensores de movimiento que enciendan y apaguen las luces, automáticamente disminuye el gasto energético en la empresa.
  • Promover la movilidad sostenible. Incentivar el uso de transporte público, bicicletas, coches eléctricos entre la plantilla; así como poner en marcha sistemas como el teletrabajo, reduce emisiones vinculadas a desplazamientos de empleados y logística interna.
  • Digitalizar procesos, reduciendo el uso de papel. Sustituir los documentos en papel por documentos digitales, almacenados en la nube, así como emplear soluciones como la factura electrónica reduce acciones perjudiciales para el planeta como la tala de árboles.
  • Poner en marcha sistemas de economía circular. La economía circular es un planteamiento económico que además de ser rentable, favorece al planeta, en cuanto a que reduce la extracción de recursos naturales. Cualquier empresa pude contribuir a la economía circular. Basta con asentar hábitos como el reciclaje de residuos o la reutilización de equipos.
  • Optimizar la cadena de suministro. Trabajar con proveedores locales, ajustar rutas de transporte o apostar por logística compartida contribuye a reducir las emisiones indirectas de CO₂.
  • Concienciación del personal. Por el papel que ocupa, la empresa también `puede educar y concienciar a su plantilla en la práctica de hábitos respetuosos con el planeta. Como priorizar los archivos digitales sobre los impresos o fomentando el tratamiento adecuado de los residuos.

La responsabilidad ecológica en la imagen de la empresa.

Por supuesto, el compromiso que adquiere una empresa redunda directamente en su imagen pública. En la percepción que de ella tiene la población en general y sus clientes en particular.

La sensibilización general que existe respecto a la problemática medioambiental hace que mucha gente perciba a la empresa comprometida ecológicamente como que está en sintonía con ellos. Que se encuentra alineada con sus valores.

El compromiso de una empresa con el cuidado del planeta no se puede reducir a la aplicación de algunas medidas para rebajar su huella de carbono, ni a comercializar una gama de productos con la etiqueta “Eco”.

A estas alturas, la audiencia sabe que lo ecológico vende y que puede utilizarse como una estrategia de marketing. La sociedad exige a las empresas un compromiso más firme, como la participación en acciones directas de cuidado del medioambiente o la colaboración con campañas activas de protección del planeta.

La Universidad de Barcelona nos advierte del fenómeno llamado “Greenwashing”; es decir, empresas o instituciones que difunden un compromiso ambiental que no se respalda con acciones reales.

El economista Ronald Cohen, del que hemos hablado anteriormente, señala que a pesar del desarrollo del coche eléctrico por parte de la industria del automóvil, solo cuatro grandes marcas: Renault, Tesla, Hyundai y Nissan pueden afirmar que tienen una responsabilidad ecológica palpable. Bien porque participan en proyectos de investigación para reducir la contaminación o porque apoyan campañas de cuidado del planeta.

La lucha contra el cambio climático no es un asunto baladí. El compromiso ambiental de las empresas es un tema de primer orden.

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