No a las nuevas variedades de vid en Europa

No a las nuevas variedades de vid en Europa

La uva es una fruta cuya amplitud de variedades es inmensa. Solo aquí en España contamos con tanta variedad que, sin necesidad de importar vides nuevas, podemos tener uva de mesa de varios tipos y uva para la creación de vino de diferentes viveros de vid con denominación de origen y que dan un toque especial a cada remesa de vinos. Plantvid, una de las principales empresas de viveros de viña y vid, nos ha asegurado que la misma variedad de uva plantada en tierras diferentes puede dar lugar a frutos con diferentes toques, así que… ¿de verdad es necesario plantar nuevas variedades en Europa traídas desde Asia u otros continentes?

Los principales países productores, incluida España, rechazan autorizar el cultivo de nuevas variedades en Europa. Bruselas asegura que cultivar otras variedades de vida, ahora prohibidas, podría ayudar a reducir el uso de pesticidas pero los agricultores rechazan esta idea alegando que el pesticida se usa, o no, en base a la necesidad del cultivo en cierta zona y época del año, no en base a la variedad de vid plantada.

Nuestro país, así como otros productores de vino europeos, asegura que introducir nuevas variedades de vid podría significar bajar la calidad del vino español y, por ende, la imagen del vino “made in Spain” fuera de nuestras fronteras podría verse afectada negativamente.

Según el ministro español de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, Luís Planas, las nuevas variedades de la vid «son de calidad inferior y, por tanto, no tiene sentido en un mercado que tiene que ser desarrollado desde el punto de vista cuantitativo pero sobre todo cualitativo que introduzcamos variedades que tienen una inferior significado y valor».

Otros países, como Austria o Noruega, alegan que cultivando vides nacidas de injertos que cuentan con mayor resistencia que las actuales conseguiríamos reducir el uso de químicos y pesticidas en los cultivos, pues estos no necesitarían de dicha protección. No obstante, todo depende del ángulo con el que se mire.

Protección es la palabra clave

¿Debemos renunciar a la calidad del vino español en pro de un vino fabricado con una uva más ecológica? Tal vez haya solución para todo. Tal vez, tratando la tierra previamente, el ecosistema y respetando la climatología de cada cultivo no sería necesario recurrir a este tipo de injerto y la vid española actual, en todas sus variedades, resistiría mucho más tanto el clima como ciertas plagas que copan nuestros campos.

En el macizo pirenaico ha nacido el proyecto Valovitis, que une a tres socios -Institut Français de la Vigne et du Vin (IFV), Universidad de Zaragoza (LAAE) y Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)- y varias bodegas con el fin de dinamizar la innovación y la competitividad en este sector.

Este tipo de proyectos sí parece mucho más necesario que la propuesta austriaca de la inserción de nuevos vides pues, al final, lo que se pretende es mejorar la calidad del vino, de los viñedos y de las vides, consiguiendo así un caldo y  un cultivo de muy buena calidad sin necesidad de recurrir a los pesticidas y químicos artificiales.

Con proyectos como el Valovitis, sería posible contar con más campos que cultivasen la llamada vid salvaje, o vid silvestre, cuyo aroma y sabor es exquisito.  Se trata de una planta rara y en peligro de extinción hoy en España y en Europa que está oficialmente protegida desde 1995. Las poblaciones de vid salvaje sufrieron una fuerte reducción con el avance de la agricultura, la decadencia de los bosques durante el periodo medieval y el drenaje de los humedales. Las enfermedades introducidas desde los Estados Unidos en el siglo XIX (principalmente el mildiú, el oídio y el filoxera) han contribuido a hacer más frágiles (incluso a destruir) las poblaciones que sobrevivieron. Por tanto, es posible que lo que debamos a hacer es conseguir preservar más nuestras propias variedades de vid, favoreciendo así el cultivo de calidad, y buscando modos de proteger a nuestros agricultores frente a cambios climatológicos que, además, estamos provocando nosotros mismos por culpa de una contaminación a la que no sabemos hacer frente, lo que al fin y al cabo es lo que está matando nuestro planeta y provocando plagas, lluvias torrenciales y heladas en épocas en las que no se las espera.